¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?

Si imagináramos hoy a nuestro más ilustre hidalgo, Don Quijote de la Mancha, paseando frente a los molinos podríamos advertirlo cabizbajo, pensando en la última actualización de Dulcinea en una red social cualquiera. No cabalga un flaco Rocinante, sino una vespino asegurada a terceros, sin franquicia, con una pegadiza marca de seguros. No atiende a molinos ni gigantes. Quizás no hubiera ya ni molinos ni parques eólicos. En su lugar carreteras desiertas o un aeropuerto vacío. Quizás nuestro Quijote fuera sólo un loco más pero que, esta vez, no se enfrenta a gigantes ni a leones sino a la triste y silenciosa soledad de un mundo de mucho ruido y pocas nueces.

Dexter

Hay series exageradamente buenas y, en mi humilde opinión, Dexter es insuperable. Al igual que me pasó con Breaking Bad, no hay forma de resumir el cúmulo de sensaciones que se presentan al terminar una serie así. Al principio hubo muchos capítulos que me parecieron repetitivos. Por así decirlo, un poco más de lo mismo. Me cansó y estuve unas semanas apartado de Dexter. Pero ya de vuelta, con una sensación de querer terminar eso que empezaste, he finalizado la serie. Y a pesar de tener una banda sonora bastante buena, yo me quedo con esta canción…

Y cabría preguntarse por qué. Por qué esta canción. Supongo que porque después de haber sufrido mucho, mucho con la serie, uno espera un poquito de estabilidad. Un final feliz, un… no sé. Un poco de paz, un poco de normalidad. Yo sinceramente me habría quedado en ese capítulo. Make your own kind of music. Todo parecía volver a su cauce, pero eso era imposible.

Ver acabar esa serie te mata un poquito por dentro. Llevas 8 temporadas empatizando con los personajes. Sufres cuando mueren algunos, pero entiendes que “la función debe continuar”. Y al terminar, justo en el último segundo, me acordé de todos los personajes que habían muerto. Y no entiendes nada. Quizás un final de comieron perdices era demasiado poco realista…

A pesar de todo, creo sinceramente que es una serie muy recomendable, con un final que me recordó demasiado a Breaking Bad con tintes de Lobezno. Un final que no gusta, que deja todo en desorden, no se atan cabos sueltos. Quizás esto sea parte del éxito de la historia.

Tengo una forma peculiar de ver las series que me gustan. Quizás no la sufrí con aquello de la eterna espera de un capítulo a la semana. Prefiero engancharme, verla de seguido y si realmente triunfa, siempre tengo la posibilidad de disfrutarla de otras mil maneras. Y en este caso creo que, dejando un margen prudencial de tiempo, volveré a Dexter desde el principio 😉

Hello world!

¡Hola! Y bienvenido a mi nuevo proyecto donde me gustaría escribir sobre un montón de cosas que me encantan. Si bien no es la primera vez que inicio un proyecto, de la experiencia he aprendido algo bastante importante: ¡esto cuesta un huevo!

Sí, al principio todo es idílico. Muy de peli americana, de esas que empiezas a escribir y molas mucho. Pero esa sensación se pasa pronto. El compromiso de mantenerlo, sacar tiempo a la semana y hacer algo medio decente implica algo más que teclear mucho y muy bonito.

¡Pero no pasa nada! Como de todo se aprende, mi primera exigencia para este nuevo proyecto es que no hay exigencias. No habrá un post diario, ni siquiera uno semanal. Publicaré cuando pueda o quiera, ya que la única utilidad que pretendo con ese nuevo espacio es disfrutar. Así que… vamos a ello, ¿no? 😉

Taller de Caligrafía Medieval – verano 2015

Taller de Caligrafía Bâtarde, caligramas y pergamino. Agosto de 2015. Curso impartido por Valle Camacho Matute en La Calera (San Millán de la Cogolla, La Rioja)

Primeros pasos en caligrafía Bâtarde

Primeros pasos en caligrafía Bâtarde

e mayúscula en caligrafía Bâtarde

Alcanzando la perfección en la e mayúscula Bâtarde

Práctica de palabrarios

Práctica de palabrarios

Detalle de divertimento con brause y parallel

Detalle de divertimento con brause y parallel

Vista de divertimento con brause y parallel

Vista de divertimento con brause y parallel

Palabrario

Palabrario

El joven escribano

El joven escribano 😉

Ilustración en pergamino. Yolanda.

Ilustración en pergamino. Yolanda.

Cadels con tinta blanca

Cadels con tinta blanca

Bestia del Códice Albeldense interpretada por Borja en pergamino y acrílicos

Bestia del Códice Albeldense interpretada por Borja en pergamino y acrílicos

También dejo enlace al blog de la profesora, donde se pueden ver otros trabajos de ese verano como de otros años.

Retales de 2014

Este año ha sido fabuloso. Gracias por haber formado parte de él.

Venga, va. Ahora en serio. Facebook está en ese momento del año que más grimilla da. O eso me parece a mí. No sé si porque no vuelco mi vida en Facebook o porque considero que los momentos más importantes de mi año han sido otros, pero la nueva genialidad del gigante social me deja bastante indiferente.

Por eso, si realmente te apetece ver un resumen de mi año continua leyendo 😉

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Condescendencia fatal

condescender.

(Del lat. condescendĕre).

1. intr. Acomodarse por bondad al gusto y voluntad de alguien.

Sí, lo sé. Si observo el timeline de mis últimas entradas parece que no dejo un mes sin publicar. Pero noviembre ha ido cuesta arriba. Sé que me quedan cosas en el tintero por publicar: Codemotion, pizza-night con Neosistec… y otras cositas de las que no he dicho nada aún. Pero todo a su tiempo.

Hoy vengo con este tema, saltándome todo lo anterior y cambiando un poco las tornas. Vengo a hablar de esos extraños seres, tan dóciles y dúctiles. Si bien es de todos sabido vivimos en una absurda binaria dicotomía, incluso a veces contradictoria, que me empuja a decir que existen dos tipos de persona: los condescendientes y los “condescendedores”. Vamos, los que deciden y los que no. Los que mandan y los que otorgan. Los vencedores y… ¿los vencidos?

Queráis o no, todos somos condescendientes . Al mayoría de las veces, pienso yo, con desagrado. Es decir, si eres de los “condescendedores”. Las que menos son las que más me preocupan. Es difícil pensar qué se le pasa a alguien por la cabeza para que sea condescendiente y con agrado. Me resulta chocante ese “lo que tu quieras”, que no deja de ser tedioso, irritante y repetitivo. Es, lo que acaba siendo, un conformista. Y el conformismo mata. Mata la creatividad. Mata la libertad. Mata la voluntad. Y aunque todo lo anterior acaba muriendo de una u otra forma, ¡éste último es el músculo esencial que más deberíamos potenciar para conservar el resto!

Quizá el problema de fondo sea este. La muerte de la voluntad es muerte en vida. Forjar la voluntad de poder hacer lo que queramos elimina barreras. Es ese “que nadie te diga lo que puedes hacer” que seguro que habréis oído alguna vez, pero potenciado a su máximo exponente: ¡la realidad! Y el paso de la palabra al mundo real no es un acto mágico. No es una inspiración divina que como viene se va. Es un proceso metódico basado en la constancia y en la más recursiva voluntad. Voluntad de tener voluntad. Y esta es la primera piedra de lo que quieras hacer.

El otro día hablando con una persona me contaba su teoría de la vida. Según me comentaba, la vida es una especie de equilibrio donde si por ejemplo comes mucho chocolate porque con este liberas endorfinas para ser feliz, al final acabas gordo que es algo que deriva en compensación por la felicidad que buscas y que, para equilibrar, te convierte en algo triste. Quizás sea tan sencillo que no lo haya explicado bien. Pero bueno, lo he intentado. También he intentado convencerle de mi “teoría” para mostrarle mi desacuerdo. Prefiero pensar que con voluntad y compromiso cada uno se construye su propio destino. Si tienes un objetivo, primero debes tenerlo evidentemente, debes tener voluntad de conseguirlo. Y crear esa especie de contrato contigo mismo en el que te comprometes a llegar. Es en esa combinación en la que, aunque estés lejos, en cada situación podrás encontrar una forma de avanzar un paso más hacia el objetivo.

Quien no esté cometiendo errores es que no lo está intentando lo suficiente.

Wess Roberts

Proyect Print3D

De nuevo me encuentro hasta arriba de cosas por hacer, y aún así me sigo metiendo siempre en más cosas. Qué le vamos a hacer. Tener paciencia y disfrutar de cada cosa a su tiempo, supongo.

De momento con este proyecto es así. Sí. Me he tomado la libertad de llamarlo “Proyect Print3D”. Porque es un proyecto, de una impresora y encima de todo, una 3D. Desbordo imaginación, lo sé.

Pues bien, el proyecto original no es mío. Es una idea que surgió hace un tiempo en Infomun J.E. y que, por avatares de la vida, ha ido decayendo. Pero ya estamos un compañero, Roldán, y yo para retomarlo.

En un principio yo quería llevar sólo la parte, por así decirlo, logística. Buscar a alguien interesado en el tema y suministrarle todo aquello que le hiciera falta para terminar el proyecto. Pero al final acabo pringao. Me quejaría si realmente no me gustara acabar pringando en este tipo de tareas. Soy así de feliz.

A modo resumen podría decir que una impresora 3D es una máquina capaz de imprimir objetos a partir de modelos tridimensionales. Dos características rápidas: son caras y  muy lentas. Si no quieres vacilar mucho a tu bolsillo, o dicho de forma más ingenieril, si te gusta trastear un poquito de electrónica, siempre puedes comprarla por piezas individuales e ir montándola. A mano, evidentemente. ¿Cosas buenas de una impresora 3D? Al principio de esta andadura pensaba que el postureo era el máximo éxito de esta empresa. Pero se pueden hacer tantas cosas con una impresora 3D que sólo diré… ¡en breves empiezo la mía propia! 😛

Conociendo la máquina:

Básicamente diría que la impresora tiene una única parte “fundamental”, el cerebro de toda la operación. En nuestro caso una placa Arduino (existen otras variedades de placa, mejores o peores, algo comentaremos).  A parte de todo esto, están los motores, la fuente, la estructura, la cama caliente, los fin de carrera… Medio kilo de cables. Y mucha paciencia.

Quizás esta parte, que por un lado es fundamental, sea la más puñetera. Y es aquí donde uno puede replantearse la utilidad de cierta práctica de Fundamentos Físicos de la Informática. Puede, incluso, divertirse manejando un multímetro. Nuestros primeros pasos van dirigidos a comprobar que todo estuviera bien montado. Ajustar un tornillo por aquí, otra brida por allá y empezar con “el cerebro”. A ver, por donde empiezo. A la placa tiene que llegarle cierto amperaje. Es decir, al circuito se le suministra corriente eléctrica (voltaje) y tenemos que medir la intensidad de ésta (en amperios). Una fuente que suministra 220 V debe alcanzar aproximadamente los 12 A. Por si queda claro, 1 amperio es una intensidad bastante fuerte. Nuestra placa consumirá poquito si está inactiva. Por cierto, a nuestra placa, para que piense bien, le hemos cargado un archivo llamado Marlin donde están definidos un montón de parámetros e información para controlar los motores, el tamaño de la cama, temperaturas, etc. Pues al encender nuestra placa, Marlin enciende automáticamente los motores. De este modo, si conectamos el multímetro en serie con la fuente a la placa podemos ver que al arrancar tendrá un amperaje alto (unos 200 mA en nuestro caso) y caerá porque se apagan los motores (hasta unos 90 mA). Nuestra placa consume eso, 90 – 100 mA. Todo esto, por cierto, conectando sólo un motor porque los calibraremos uno a uno.

Calibrando motores…

Nuestra impresora tiene 4 motores, dos de ellos funcionan a la par. Ya lo comentaremos. Uno de ellos se encarga de desplazar la cama caliente hacia delante y hacia detrás en el eje Y. Suponemos que en el eje imaginario, el 0 de la Y se encontrará, si estamos de frente a la impresora, al fondo del todo. Otro motor se encargará de el extruder, que es la puntica por donde sale el filamento caliente. Suministrará filamento al extruder y lo moverá en el eje X. Supondremos de nuevo que estamos enfrente de la impresora, el lado izquierdo al máximo será el punto 0 de nuestro eje X. Y los dos motores que se encargan de subir y bajar, están configurados para que estando a ras de la cama caliente, se encuentren en el punto 0 del eje Z. Bien. Para calibrar los motores usaremos unos valores seguros de amperaje, los motores X e Y tendrán 200 mA y los de la Z unos 400 mA cada uno. Para calibrarlos conectamos los motores de uno en uno y vemos el amperaje que les entra nada más encender la impresora (instantes después caerá este valor al desconectarse).

El valor que nos muestra está “distorsionado” ya que hay que restarle el consumo de la placa (en nuestro caso 90 mA). Por eso, para calibrarlo, veremos que en la placa donde conectamos el motor hay un tornillo chiquitito que nos permite ampliar esta intensidad. Aunque lo ideal sería 290 – 300 mA, a nosotros en 240 nos funciona sin perder pasos. Otra curiosidad de nuestra placa es que, con la fuente que tiene, no alcanza más de 310 mA, aún así no hemos tenido mucho problema para imprimir. Como estos valores pueden variar bastante y lo único que importa es que la impresión no pierda pasos (es decir, que le llegue energía suficiente para imprimir todas las capas), si el amperaje es menor, el consumo total del sistema será menor.

Con el otro motor operamos igual. Lo conectamos sólo a la placa y procedemos a calibrarlo de esa misma forma. Como dato curioso, tras hacer distintas pruebas de movimiento de motores (sin instalar los fin de carrera), nos encontrábamos que al darle a que se moviera, por ejemplo a la izquierda, se nos iba para la derecha. Tras mucho meditarlo, pensamos cambiarlo por software pero resulta que si pones los pines de la placa conectados al revés (que en verdad sería el derecho) se soluciona. Y descubrir esto fue… ¡brutal!

Vale, y terminando el tema de calibrado de motores me gustaría hablar de los dos motores que quedan. En nuestro caso nos los encontramos soldados. En cierto modo tiene sentido, ya que deben ir a la par, pero teníamos un problema muy físico. Os explico. Nuestra placa sólo da hasta 310 mA. Restando el consumo de la placa nos quedamos en 310 – 90 = 210 mA para los dos motores. Al estar empalmados (visto de otro modo, conectados en paralelo), tienen un nodo. Es decir, un punto donde la corriente se bifurca. Y, teóricamente, le llegaría la mitad de corriente a cada nodo: 105 mA a cada motor. Pues vaya faena, ¿no? Deshacemos el empalme y así aseguramos que a cada uno le llegue, al menos, 210 mA  de la resta del máximo amperaje y el consumo de la placa. No son los 400 del valor seguro, ¡pero funcionan! Lo que me da a pensar que no hará que pierda pasos y consumirá menos. ¡10 puntos para Gryffindor!

Fines de carrera

Por último nos quedaba conectar los fin de carrera, esto es, unos pulsadores que indicaran a la impresora que no podían pasar más allá de ahí. Y sobretodo, le daban la referencia de los 3 puntos (0, 0, 0) del sistema.  El único misterio que nos hemos encontrado en este término es que al conectarlos mal, no los detecta. Y aunque esto parezca muy obvio, NO LO ES. En nuestra placa quedaban una serie de pines libres y decidimos conectarlos juntitos y, de cierta forma, arbitrariamente. Pues resulta que estaba indicado en la placa misma una X, Y, Z donde se conectaban. Vaya tela…

Primeras pruebas. ¡Funciona, maldita sea!

Al empezar las primeras pruebas, imprimimos un cuadrado de 2x2x1 cm. Al principio, ignorante de mí, pensé que las primeras capas eran casi imperceptibles al ojo humano, ya que eran 50 capas. Pero luego, explicándole el tema mi hermana pequeña me hacía el simple cálculo: 1 cm / 50 capas = 0.02 cm. Que son 0.2 mm. Según Yahoo! Respuestas el ojo humano no distingue grosores menores a 0.1 mm, ¡y en nuestro caso es el doble exacto! ¡Debíamos verlo perfectamente!

Pues resultaba que no estaba cogiendo filamento. Ajustado todo aquello que faltaba por ajustar, ¡ándale!

A estas alturas llevaría entre 10 – 24 capas, cuando de repente el ordenador decide entrar en reposo y se para la impresión 🙁 Investigaremos en profundidad cómo evitarlo, pero conseguimos imprimir esto:

Y ojito, que no hemos hablado de la laca. La laca es muy importante, porque sirve para que no se pegue a la plataforma aquello que estamos imprimiendo. Aunque hay distintas alternativas, siempre queda guay tener esto cerca 😉

Y hasta aquí la ciencia de hoy. Muy agradecido a Infomun J.E. por facilitarnos el trabajo y permitirnos vivir esta experiencia. Y muy agradecido también a Roldán, que a pesar de su dislexia contagiosa (xDxDxD), hemos podido alcanzar el éxito de este proyecto.

¡Seguiremos trasteando! 😉

La soledad de los números primos

Ya estoy de vuelta al ajetreo diario de no parar. Me cansa mucho. En serio. Clases y mil cosas ocupan mi tiempo. Como si llevara una mochila imaginaria con todas las cosas que tengo que hacer. Unas van saliendo y otras entrando. ¡Y ésta no alivia su peso! Pero por mí ya no pasa el dedicar cierta parte mi tiempo a mi entretenimiento y  descanso particular. Especialmente al ocio más insaciable de todos: la lectura. Y así, de buenas, para empezar bien el curso me he leído esta semana un libro que no me ha dejado para nada indiferente…

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Cerrado por vacaciones

Tenía pendiente escribir un par de posts sobre alguna de las muchas cosas que he podido hacer durante julio. Pero como no paro, no he tenido tiempo.

Así que cuelgo el cartel de cerrado y… ¡nos vemos en septiembre!