Bolonia a examen

Celebramos 20 años de Bolonia, un Plan que ni se entendió ni se supo aplicar

En estas fechas las bibliotecas, salas de estudio y miles de universitarios se llenan de nervios, bebidas energéticas y algunas noches en vela. Estamos en época de exámenes y todo en lo que pensamos ahora mismo es en terminar el cuatrimestre de la mejor forma posible. Estos días, precisamente, coinciden con el 20 aniversario del Plan Bolonia. Creo que no serán muchos los universitarios que  hoy lo celebren. ¿Por qué? Porque Bolonia ni se entendió, ni se aplicó bien ni llegó en buen momento. 

Prueba de ello, por ejemplo, es la queja recurrente de miles de estudiantes: la incapacidad de tener tiempo en vacaciones para cualquier otra cosa que no sea estudiar. Bolonia fomentaba un inicio más temprano del curso académico (principios de septiembre). Diez años después de su implantación hemos conseguido, potencialmente, ese objetivo en la Región de Murcia. Habrá que esperar a ver la propuesta de calendario académico, aunque todo parece indicar que lo apropiado será un comienzo anticipado de las clases que permita el desarrollo más cómodo de las semanas lectivas. Hecho que también permitirá adelantar las fechas de los exámenes. ¿Llegará un momento en el que los estudiantes tengamos realmente “vacaciones”? Recuerdo cuando este debate llegó a la Universidad de Murcia. Septiembre vs. julio. Y, a pesar de haber sido un gran crítico de este cambio, pasados los años admito que salimos ganando.

El Plan Bolonia, un documento lleno de buenas intenciones, daba esperanzas para pensar que su desarrollo traería una etapa brillante para la comunidad universitaria. Pero su aplicación llegó con la crisis. Y la universidad, que soporta esos tres pilares fundamentales (docencia, investigación y transferencia), no salió bien parada. En tiempos de crisis, los cambios hicieron más daño. Prueba de ello, aunque no de Bolonia estrictamente, es el abuso que hemos permitido en la última década con los profesores asociados. Precariedad e inestabilidad.

Grados y másteres

Otra de las buenas intenciones de Bolonia: los grados y másteres, llevada al lado oscuro. Mientras se quería unificar criterios y homogeneizar competencias, las consecuencias han sido completamente distintas. La configuración actual fomenta una sobrecualificación extraordinaria para generar egresados más competitivos y un currículum que permita diferenciarte más de otros candidatos en la búsqueda voraz de un empleo que no se adecúa a la formación recibida. Un máster con un coste notablemente superior, que permite diferenciarse a quien se lo pueda permitir. ¿Pero no hay becas? Ahora hablamos de la dimensión social. ¿Dónde queda la homogeneización? El coste de cada grado es dispar y desigual entre comunidades autónomas y dentro de Europa.

La dimensión social

La cumbre ministerial de 2007, en Londres, incorpora este concepto que entiende la educación como una herramienta esencial para el fortalecimiento de la cohesión social, la reducción de las desigualdades y la elevación de los conocimientos, habilidades y competencias en la sociedad. La dimensión social debe garantizar que el estudiantado “que entra y participa y completa sus estudios en todos los niveles refleje la diversidad de nuestras sociedades”. La dimensión social es una propuesta de mínimos. ¿Estamos cumpliendo con la dimensión social en nuestras universidades? ¿Quién lo garantiza?

La responsabilidad del estudiante

Si fuéramos hoy a una sala de estudio y preguntáramos a los estudiantes que toman su descanso si saben qué es un crédito, es poco probable que su respuesta se aproximara a lo que Bolonia pensó que debería ser. Un ECTS es una unidad de medida que permite dos cosas: comparar asignaturas de distintas universidades (por número de créditos) y reconocer la responsabilidad del estudiante incorporando no sólo las horas de docencia sino también las de trabajo autónomo. Entramos aquí en dos problemas: ¿cómo comparamos y convalidamos asignaturas de distintas universidades que no imparten, necesariamente, las mismas materias? ¿Todos los estudiantes dedican el mismo tiempo? ¿Cómo de útil nos puede ser esta aproximación?

Además hemos de recordar que, dentro de la responsabilidad del estudiante, Bolonia reconoce el Aprendizaje Centrado en el Estudiante (ACE). Es decir, el estudiante ya no es un elemento pasivo en el aula y debe tener la posibilidad de orientar su formación. ¿Pero sólo con varios itinerarios o con muchas optativas? ¿Puede hacerlo también en el resto de asignaturas de su carrera? ¿Se puede hacer teniendo en cuenta el número de matriculados y las aulas masificadas? ¿Puede Bolonia entenderse en un contexto digital con la evaluación continua y otros instrumentos de evaluación? ¿Es compatible el sistema Bolonia con estudiantes que, además, trabajan?

Exámenes o competencias

Con el Plan Bolonia empezamos a poner el foco en las competencias que se adquieren durante los estudios. Para hacernos una idea simple, las competencias son como una caja de herramientas. Conforme vas desarrollando tus competencias, tu caja de herramientas está más completa. El objetivo es que termines la carrera con el mayor número posible de herramientas de forma que, cuando afrontes un problema, sepas usar las herramientas que ya tengas aunque nunca antes te hayas enfrentado a un problema igual. Con esta sencilla metáfora es importante recordar que para demostrar las competencias que uno ha adquirido no es necesario realizar un examen. Se puede desarrollar, por evaluación continua o mediante proyectos, a lo largo de todo el cuatrimestre actividades o pruebas evaluables que evidencien la adquisición de esas competencias. Sin embargo, en esta extraña «adaptación» se siguió haciendo exámenes. Una práctica que se corresponde muy bien con lo comentado anteriormente: aulas masificadas y un número ingente de matriculados. Con esas condiciones de partida se hace difícil encontrar fórmulas que permitan, con la misma inversión o menos, cumplir el Plan Bolonia.

Han pasado 20 años de una declaración de intenciones que no ha culminado aún. Las universidades, de las que debíamos asumir una autonomía, están atadas presupuestaria y burocráticamente. Esto seguirá impidiendo que la universidad se adapte a la evolución tan rápida que estamos viviendo. Mientras, los cambios que llegan poco a poco seguirán llegando pero quizás demasiado tarde.