Segundas oportunidades

La Región es de las comunidades que más castiga a nuestros universitarios con las segundas matrículas

Un año de muchas elecciones nos ha dejado a todos un instinto “básico” para identificar la batería de medidas que propuso cada partido. Si les digo “revisar el sistema de becas”, “tarjeta sanitaria única”, “elevar el salario mínimo” o “prisión permanente revisable” rápidamente sabrán el partido de la que proviene. ¿Y si digo “ley de Segunda Oportunidad”? ¿Sabrían de qué les hablo? ¿Quién la propuso?

Ciudadanos, el mismo que gobierna en coalición en la Región de Murcia y ostenta las competencias en Universidades, apostó por una Ley de Segunda Oportunidad que garantizara que “las familias, autónomos o empresarios que lo han perdido todo puedan volver a levantarse, sin verse ahogados por unas deudas que nunca podrían llegar a pagar”. Una idea noble pero de aplicación complicada. Imaginen toda la burocracia necesaria que sea garantista y, puestos a pedir, ágil…

Sin embargo no todos estamos reconocidos en esa una segunda oportunidad. Por ejemplo, los estudiantes universitarios. En la Región de Murcia suspender una asignatura supone que, la siguiente vez que te matricules, te costará el doble. Sin duda parece un incentivo para aprobar a la primera. Pero, ¿y las circunstancias sobrevenidas y personales de cada uno? ¿Qué pasa con los estudiantes que deben estudiar y trabajar? Entran en un ciclo de trabajar para pagar los estudios y suspender por no dedicarle tiempo suficiente a estos del que parece imposible salir. Y un nuevo suspenso será más caro aún. ¿Merecen ellos también una segunda oportunidad? ¿No parece suficiente sanción que el sistema de becas no asuma estas segundas matrículas? Estamos precarizando a nuestro estudiantado.

Vamos con las soluciones. La primera de ellas parece evidente: rebajar el coste del precio de la segunda matrícula. ¿Más opciones? La reducción del precio de las asignaturas examinadas en enero en las que no se haya impartido docencia, pagando únicamente una tasa de examen. Ambas opciones ofrecen una segunda oportunidad fácil de aplicar y que beneficiará a muchos estudiantes.

Si preguntamos en la Consejería el objetivo parece ser que nada cambie, aquello que tanto oímos en 2019: “hay ser corresponsables”. Una forma bonita de decir que no, que nada cambiará. Que las promesas se pueden olvidar cuando no interesen o cuando el cargo lo ocupa un “independiente”, una persona distinta de la que en su día se comprometió. Parece una buena ocasión para interpelar al consejero Miguel Motas y a la directora general Josefina León. Ojalá ser corresponsables significara otra cosa. Y, sobre todo, ojalá tener segundas oportunidades.

Vidas sin cuerpo en el mundo digital

Comparto una reflexión del programa «Vidas sin cuerpo en el mundo digital» del programa El cazador de cerebros (La 2) sobre la inmediatez del mundo digital:

«Tenemos una prótesis que nos comunica con un espacio sin lugares. Si no hay lugares no hay distancias. Si no hay distancias no hay demora. Es decir, espacio y tiempo se dislocan. Es tentador tener un mundo que alcanzas con solo indicarlo».

Antonio Rodríguez de las Heras

Bolonia a examen

Celebramos 20 años de Bolonia, un Plan que ni se entendió ni se supo aplicar

En estas fechas las bibliotecas, salas de estudio y miles de universitarios se llenan de nervios, bebidas energéticas y algunas noches en vela. Estamos en época de exámenes y todo en lo que pensamos ahora mismo es en terminar el cuatrimestre de la mejor forma posible. Estos días, precisamente, coinciden con el 20 aniversario del Plan Bolonia. Creo que no serán muchos los universitarios que  hoy lo celebren. ¿Por qué? Porque Bolonia ni se entendió, ni se aplicó bien ni llegó en buen momento. 

Prueba de ello, por ejemplo, es la queja recurrente de miles de estudiantes: la incapacidad de tener tiempo en vacaciones para cualquier otra cosa que no sea estudiar. Bolonia fomentaba un inicio más temprano del curso académico (principios de septiembre). Diez años después de su implantación hemos conseguido, potencialmente, ese objetivo en la Región de Murcia. Habrá que esperar a ver la propuesta de calendario académico, aunque todo parece indicar que lo apropiado será un comienzo anticipado de las clases que permita el desarrollo más cómodo de las semanas lectivas. Hecho que también permitirá adelantar las fechas de los exámenes. ¿Llegará un momento en el que los estudiantes tengamos realmente “vacaciones”? Recuerdo cuando este debate llegó a la Universidad de Murcia. Septiembre vs. julio. Y, a pesar de haber sido un gran crítico de este cambio, pasados los años admito que salimos ganando.

El Plan Bolonia, un documento lleno de buenas intenciones, daba esperanzas para pensar que su desarrollo traería una etapa brillante para la comunidad universitaria. Pero su aplicación llegó con la crisis. Y la universidad, que soporta esos tres pilares fundamentales (docencia, investigación y transferencia), no salió bien parada. En tiempos de crisis, los cambios hicieron más daño. Prueba de ello, aunque no de Bolonia estrictamente, es el abuso que hemos permitido en la última década con los profesores asociados. Precariedad e inestabilidad.

Grados y másteres

Otra de las buenas intenciones de Bolonia: los grados y másteres, llevada al lado oscuro. Mientras se quería unificar criterios y homogeneizar competencias, las consecuencias han sido completamente distintas. La configuración actual fomenta una sobrecualificación extraordinaria para generar egresados más competitivos y un currículum que permita diferenciarte más de otros candidatos en la búsqueda voraz de un empleo que no se adecúa a la formación recibida. Un máster con un coste notablemente superior, que permite diferenciarse a quien se lo pueda permitir. ¿Pero no hay becas? Ahora hablamos de la dimensión social. ¿Dónde queda la homogeneización? El coste de cada grado es dispar y desigual entre comunidades autónomas y dentro de Europa.

La dimensión social

La cumbre ministerial de 2007, en Londres, incorpora este concepto que entiende la educación como una herramienta esencial para el fortalecimiento de la cohesión social, la reducción de las desigualdades y la elevación de los conocimientos, habilidades y competencias en la sociedad. La dimensión social debe garantizar que el estudiantado “que entra y participa y completa sus estudios en todos los niveles refleje la diversidad de nuestras sociedades”. La dimensión social es una propuesta de mínimos. ¿Estamos cumpliendo con la dimensión social en nuestras universidades? ¿Quién lo garantiza?

La responsabilidad del estudiante

Si fuéramos hoy a una sala de estudio y preguntáramos a los estudiantes que toman su descanso si saben qué es un crédito, es poco probable que su respuesta se aproximara a lo que Bolonia pensó que debería ser. Un ECTS es una unidad de medida que permite dos cosas: comparar asignaturas de distintas universidades (por número de créditos) y reconocer la responsabilidad del estudiante incorporando no sólo las horas de docencia sino también las de trabajo autónomo. Entramos aquí en dos problemas: ¿cómo comparamos y convalidamos asignaturas de distintas universidades que no imparten, necesariamente, las mismas materias? ¿Todos los estudiantes dedican el mismo tiempo? ¿Cómo de útil nos puede ser esta aproximación?

Además hemos de recordar que, dentro de la responsabilidad del estudiante, Bolonia reconoce el Aprendizaje Centrado en el Estudiante (ACE). Es decir, el estudiante ya no es un elemento pasivo en el aula y debe tener la posibilidad de orientar su formación. ¿Pero sólo con varios itinerarios o con muchas optativas? ¿Puede hacerlo también en el resto de asignaturas de su carrera? ¿Se puede hacer teniendo en cuenta el número de matriculados y las aulas masificadas? ¿Puede Bolonia entenderse en un contexto digital con la evaluación continua y otros instrumentos de evaluación? ¿Es compatible el sistema Bolonia con estudiantes que, además, trabajan?

Exámenes o competencias

Con el Plan Bolonia empezamos a poner el foco en las competencias que se adquieren durante los estudios. Para hacernos una idea simple, las competencias son como una caja de herramientas. Conforme vas desarrollando tus competencias, tu caja de herramientas está más completa. El objetivo es que termines la carrera con el mayor número posible de herramientas de forma que, cuando afrontes un problema, sepas usar las herramientas que ya tengas aunque nunca antes te hayas enfrentado a un problema igual. Con esta sencilla metáfora es importante recordar que para demostrar las competencias que uno ha adquirido no es necesario realizar un examen. Se puede desarrollar, por evaluación continua o mediante proyectos, a lo largo de todo el cuatrimestre actividades o pruebas evaluables que evidencien la adquisición de esas competencias. Sin embargo, en esta extraña «adaptación» se siguió haciendo exámenes. Una práctica que se corresponde muy bien con lo comentado anteriormente: aulas masificadas y un número ingente de matriculados. Con esas condiciones de partida se hace difícil encontrar fórmulas que permitan, con la misma inversión o menos, cumplir el Plan Bolonia.

Han pasado 20 años de una declaración de intenciones que no ha culminado aún. Las universidades, de las que debíamos asumir una autonomía, están atadas presupuestaria y burocráticamente. Esto seguirá impidiendo que la universidad se adapte a la evolución tan rápida que estamos viviendo. Mientras, los cambios que llegan poco a poco seguirán llegando pero quizás demasiado tarde.

Si yo diera una orden…

En el episodio X de El Principito, éste se encuentra con un solitario rey, de un planeta tan pequeño, que su manto de armiño ocupa casi toda la superficie. Es un rey de un reino minúsculo, sin súbditos, sin embargo sabe muy lo que es dar una orden. En el diálogo entre ambos se explica lúcidamente la esencia de lo que es la autoridad, de lo que es dar órdenes para ser obedecidas.

“-Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejecutase la orden recibida ¿de quién sería la culpa, mía o de él?

-La culpa sería de usted -le dijo el principito con firmeza.

-Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar -continuó el rey. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución. Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables.”

Photo by Casey and Delaney on Unsplash
Photo by Casey and Delaney on Unsplash

Una historia del Bronx, 6 frases que merecen la pena

Era estupendo ser católico y confesarse. Podías empezar desde cero cuando quisieras.

Calogero

No hay cosa más triste en la vida que el talento malgastado.

Lorenzo

Calogero: ¿Es mejor que te teman o que te quieran?
Sonny: Buena pregunta. Lo mejor sería una mezcla pero eso es difícil, aunque puestos a elegir prefiero que me teman. El miedo dura más tiempo que el amor. Las amistades que se compran no valen nada.

No hace falta valor para apretar un gatillo, pero sí para madrugar cada día y vivir de tu trabajo.

Lorenzo

Sonny: ¿Qué ocurre?
Calogero: Ese tío, Louie Dumps, me debe veinte dólares desde hace más de dos semanas y siempre que me ve se escaquea.
Sonny: ¿Y?
Calogero: Está empezando a hartarme, ¿Qué hago le rompo la cabeza o qué?
Sonny: ¿Qué te pasa? Ya te he dicho que la violencia no siempre es la mejor solución. Dime ¿Es buen amigo tuyo?
Calogero: Ni siquiera me cae bien.
Sonny: No te cae bien, pues es sencillo, solo te costará veinte dólares librarte de él. Y no volverá a molestarte ni a pedirte dinero prestado, y solo por veinte dólares, es barato, olvídale.

De aquellos dos hombres aprendí a dar y a recibir amor incondicionalmente. Aprendí que uno debe aceptar a los demás tal y como son. Y aprendí la lección más importante de todas: no hay cosa más triste en la vida que el talento malgastado. Las decisiones que uno toma, determinan su futuro para siempre.

Cartel de Una historia del Bronx

El congelador

Ni el calor del verano murciano parece descongelar la orden de precios públicos de la Comunidad Autónoma

Publicado en Tribuna libre de La Opinión de Murcia

Escrito por Borja Moreno y Pedro Manuel Toledo

2011 fue un año complejo. A nivel académico se empezaban a implantar los grados universitarios que sustituían a las diplomaturas y licenciaturas. Empezábamos, al parecer, a converger en el Espacio Europeo de Educación Superior. A nivel político, económico y social, la crisis no dejaba indiferente a nadie. Y con ese cuadro de la situación, el Gobierno de la Comunidad autónoma decidió sobrecargar el precio de la educación universitaria en las familias. Concretamente desde el año 2009 hasta el 2013 subió el precio del crédito, año tras año. Cada consejero parecía hacer bueno al anterior.

De los 13,65 euros que costaba, de media, el crédito universitario a los 15,58 euros que cuesta ahora han pasado ocho años. El coste de la matrícula se va engrosando conforme sumas asignaturas y créditos. Cada curso son sesenta créditos. Si hacemos las cuentas una matrícula universitaria cuesta, con precio medio de crédito, 115,80 euros más ahora que en 2011. Si además revisamos, podemos ver que 2009 la tasa de expedición de título costaba 123,98 euros y actualmente cuesta 215 euros. Éste ha aumentado un 75% desde 2009. Es necesario señalar que es imprescindible abonar esa tasa para obtener el título.

En el curso 2014/2015 entra en juego PAS que estrenó la tendencia que se ha seguido hasta ahora: mantener la misma cuantía del curso anterior. Esta feliz ‘frenada’ en el aumento de los precios públicos no duraría mucho. Si bien no ha cambiado el precio del crédito, desde el curso siguiente se subió la tasa de expedición de título de 205,47 euros a 215 euros pasando a ser la segunda tasa más alta entre todas las Comunidades autónomas, por detrás de Cataluña. Así nos hemos mantenido hasta el momento. Nada ha cambiado en la ‘nueva’ orden de precios públicos que saldrá calcada a la del año anterior. Harán caso omiso otra vez de cualquier queja que se le formule antes de llegar a su aprobación en Consejo de Gobierno.

Los estudiantes de las Universidades públicas, en las recientes elecciones, obtuvimos un compromiso firmado por los candidatos de todos los partidos (excepto Vox) de revisar esos precios. El Gobierno actual ha mostrado nula voluntad de modificar esa orden. Ni siquiera un guiño al compromiso adquirido. Hemos hecho los cálculos de lo que costaría. Unos 200.000 euros en un presupuesto de 205 millones. Quizás no quieran hacerlo porque implicaría hacer algo que a esta Comunidad autónoma le cuesta mucho trabajo: dotar de mayor presupuesto a las Universidades públicas. No olvidemos que estas son motor de conocimiento, empleo y riqueza. Habría que replantearse cómo las tratamos.