Reflexión: ¿feliz Navidad o felices fiestas?

Llega un momento del año curioso en el que, en esta cultura occidental, hacemos reflexiones profundas, preparamos copiosas comidas, nos bronceamos a la luz de esperpéticos árboles luminosos gigantes y luces que anuncian “Felices Fiestas” y recibimos nuestra particular dosis de cuñadismo. ¡Pero nadie parece cuestionarse qué c**** estamos celebrando!

Promovido por esa curiosidad, he lanzado una encuesta en Twitter:

Aunque también os delanto que mi particular visión de la situación está totalmente en línea con este párrafo del brillante periodista británico G.K. Chesterton:

Que se nos diga que nos alegremos el día de  Navidad es razonable e inteligente, pero solo si se entiende lo que el mismo nombre de la fiesta significa. Que se nos diga que nos alegremos el 25 de diciembre es como si alguien nos dijera que nos alegremos a las once y cuarto de un jueves por la mañana. Uno no puede alegrarse así, de repente, a no ser que crea que existe una razón seria para estar alegre. Un hombre podría organizar una fiesta si hubiera heredado una fortuna; incluso podría hacer bromas sobre la fortuna. Pero no haría nada de eso si la fortuna fuera una broma. No se puede montar una juerga para celebrar un milagro del que se sabe que es falso. Al desechar el aspecto divino de la Navidad y exigir solo el humano, se está pidiendo a los ciudadanos que iluminen la ciudad por una victoria que no ha tenido lugar.

G. K. Chesterton

G. K. Chesterton

15 de diciembre de 2017: el día que perdimos

Imagina encender la televisión y ver una pantalla en negro. Si eres más mayor, incluso, podrás imaginar la niebla que se veía cuando no habías conectado el VHS. Miras qué día es y recuerdas: mierda, este mes no he pagado la tele por cable…

Quizás te cueste imaginarlo ya que cada vez que enciendes la tele siempre hay algo en emisión. Da igual con qué operadora estés o incluso si no estás con ninguna. Hay un conjunto de canales que estarán ahí siempre disponibles, para ti.

Ahora practica otro ejercicio similar. Esta vez enciendes el ordenador. Abres tu navegador habitual (espero que Firefox, por supuesto). Tecleas F-A-C-E-B-O-O-K-.-C-O-M y de repente tu navegador te dice que nanai:

 

¿Y qué ha pasado? Pues que el 15 de diciembre de 2017 perdimos. El silencio o la indiferencia que se deja notar nos demuestran algo que parece bastante grave: no sabemos qué hemos perdido. Pero no pasa nada, para darnos cuenta de lo que tuvimos nada mejor que perderlo…

Realmente sí que pasa, la eliminación de la neutralidad de la red supone la pérdida de un derecho que perdemos a favor de tarifas, ofertas, intereses… en resumen: en favor de poderes políticos y económicos, en favor del dinero. Y es que, hasta antes del 15 de diciembre, éramos libres e iguales en la red para acceder a la información que quisiéramos dónde y cuándo quisiéramos. Sin limitaciones. El acceso a Internet, hasta ahora, había supuesto la democratización de la información. Cuando Tim Berners Lee empezó a trabajar en la idea de la World Wide Web su objetivo era hacer más accesible la información de la cantidad de trabajos científicos que se desarrollaban en el CERN. Y esta idea se extendió a todo, información de toda clase: artículos científicos y académicos, servicios de ocio, plataformas sociales… Todo era accesible, si bien algunas plataformas tienen un coste que dependía únicamente del precio de este servicio (como Netflix, por ejemplo). Pero lo que viene ahora rompe las reglas del juego: un Internet de varias velocidades dependiendo de la oferta de la compañía de telecomunicaciones con total libertad para bloquear o ralentizar servicios o limitar el acceso a contenidos. Desde ahora en adelante se acabó la libertad, la competitividad: una simple negociación de una gran web de ecommerce podrá anular las ventas de cualquier pequeña web de ecommerce por la sencilla razón de que ahora ellos (las compañías de telecomunicaciones) deciden qué pasa y qué no por su infraestructura hasta los hogares. También podría pasar que una compañía bloqueé un servicio concreto si ella está ofreciendo otro servicio similar que quiere (imponerte) que uses. Si bien a nivel europeo hay ciertos matices (la ley europea impide ralentizar o bloquear sitios concretos, sólo permite hacerlo por servicios especializados), de igual forma surgen muchas dudas sobre a favor de qué intereses se tomarán estas decisiones: ¿usuarios o compañías de telecomunicaciones?

Y si bien podría pensarse que, de forma lógica, los operadores mantendrán todo el contenido accesible y en funcionamiento tal y cómo lo conocemos ahora intentando hacer negocio sólo con ciertos servicios que son de mayor interés (por ejemplo plataformas de ocio y servicios más exclusivos o mayor velocidad)… tiempo al tiempo.

Agárrense a sus asientos porque lo que nos queda por ver no les dejará indiferentes.


Artículos de referencia, para ampliar más información:

  1. eldiario.es: Ganan las telecos: Europa vota contra la Neutralidad de la Red.
  2. genbeta.com: La muerte de la neutralidad de la red es un hecho en Estados Unidos. ¿Y ahora qué?
  3. elmundo.es: La neutralidad de la red según…
  4. elpais.com: ¿Qué es la neutralidad en la red?